Amanece en el corazón
de los fieles, y a la escucha del canto de la alondra,
cual llanto de salvación, se escucha un lamento lejano,
un lamento postrero que con mas acerbo que el propio sentir de
sus sones,
camina lento y pesaroso tras la estela del perdón y la
esperanza,
la esperanza que nos da el saber que con sus sones,
con sus notas en ocasiones ahogadas por el lamento,
por el suspiro de aquellos que en su esperanza acompañan
el caminar del redentor
por la senda del martirio, entre rezos y oraciones, o en silencio
ensordecedor,
solo roto por los sones de aquellos muchachos que tras la estela
del condenado,
del condenado a redimirnos del martirio del pecado, camina hacia
su sino,
sin mas voz que la música que le acompaña.